¿Por qué hay mujeres a las que les cuesta denunciar una agresión de cualquier índole? ¿Cuál es el precio que puede pagar por ejercer su derecho a pedir justicia? ¿Somos partícipes de esa victimización? ¿Podemos hacer algo para evitarlo?

Para contestar a todas esas preguntas empezaremos hablando de qué es una víctima. Según la no tan feminista RAE:

2. Persona que se expone u ofrece a un grave riesgo en obsequio de otra

3.  Persona que padece daño por culpa ajena o por causa fortuita

4. Persona que muere por culpa ajena o por accidente fortuito

5. Persona que padece las consecuencias dañosas de un delito.

 Es decir, víctima es aquella que ha padecido un hecho dañino en su persona con consecuencias que atentan contra su integridad física, psiquica, social, económica, laboral…

El problema es que hoy en día y a lo largo de la historia, ser víctima no se queda en el hecho por el cual ha sido dañada, sino que es muy posible que siga pasando un calvario bastante tiempo más. Para ello hablaremos sobre la Revictimización, y dentro de esto, la clasificación de Victimización Primaria, Secundaria y Terciaria.

VICTIMIZACIÓN PRIMARIA: Es el estado que deriva directamente del acto dañino. Puede ser que sea desde efectos “leves” hasta graves traumas psicológicos. Recordamos que no hay reacciones anormales, sino situaciones anormales. Cualquier comportamiento que pueda tener la persona es normal, y por ello no hay que alarmarse… el problema es cuando perdura en el tiempo. Los comportamientos pueden ser desde la indefensión, inseguridad, sentir que has perdido el control, humillación, temor por tu vida…  El trauma amenaza a 3 supuestos mentales: a) El mundo es bueno b) El mundo tiene un significado c) el mundo tiene un valor. 

El trauma puede revivirse, y puede necesitar apoyo psicológico para sobreponerse. La persona está viviendo una situación que le causa sufrimiento y lo importante es no juzgar, respetar sus tiempos, acompañar (que no invadir) y apoyar.  También puede ocurrir que, por el contrario, tenga una personalidad fuerte y/o esté teniendo mucho apoyo, por lo que a pesar de todo, consiga volver a su vida normal…y esto no le quita ni sufrimiento ni razón.

“(…)lo importante es no juzgar, respetar sus tiempos, acompañar (que no invadir) y apoyar.”

¿Pero qué ocurre cuando no se queda ahí el calvario?

VICTIMIZACIÓN SECUNDARIA: Es el estado que se deriva tras el contacto con las instituciones. Cuando las personas que las representan (cuerpos de seguridad, servicios sociales, el ámbito juridico-penal…) no responden de forma adecuada y empática en el contacto con la víctima. Por ejemplo: “Algo habrás hecho para que te haya pegado”; “¿Cerró usted bien las piernas para evitar una violación?” (Carmen Molina Mansilla, jueza). Esto hace que la víctima deje de confiar en las instituciones que por Constitución y moral han de velar por su bienestar y protegerla. No sería raro que no acabe denunciando, retire las denuncias, no continúe con el proceso, o si continua, que las consecuencias psicológicas sean mucho más profundas y difíciles de superar.

Por ello es muy importante que las personas profesionales que tengan contacto directo o indirecto con la víctima, estén formadas y preparadas para tratar con ella, de forma que no genere un trauma o sea más grande el que ya tiene. Cuando la víctima, siente que está siendo protagonista de su propia lucha por recuperar la dignidad, que está contribuyendo para que se haga justicia… es más probable que haga un proceso de recuperación y superación (de resiliencia) más rápido y fácil.

VICTIMIZACIÓN TERCIARIA: Son las consecuencias sociales que tiene la víctima, como la estigmatización que es causa y efecto de este tipo. En esta etapa la víctima se considera a sí misma culpable por su forma de actuar antes, durante y después del delito y a la vez solitaria en su padecimiento, sin posibilidad alguna de ayuda y comprensión de parte de sus allegados para superar el trauma. Es el resultado de las anteriores victimizaciones, que impacta con un daño y sufrimiento mayor en su vida tras el suceso.

“(…)que opine gente sobre ti en las redes sociales (…)”

Por ejemplo, que te hayan violado y que se genere un debate entre desconocidos en los MASS MEDIA, sobre si es verdad o no lo que te ocurrió… que opine gente sobre ti en las redes sociales…. Que te señalen por la calle… que te manden mensajes juzgándote… Que la gente diga que eres una mentirosa…Que tú te lo buscaste …. En general, que se empiece a creer los estigmas y prejuicios de algunas personas de la sociedad.

Somos partícipes de esa revictimización en el momento que opinamos sobre la dignidad de una desconocida en redes sociales sin pararte a pensar, si te gustaría que pusieran en entre dicho tu sufrimiento por personas que ni conoces, ni saben toda tu vivencia. Somos parte de esa traba en el camino de la superación cuando opinamos sobre temas delicados sin ningún tipo de formación, ni empatía, ni sensibilidad apelando únicamente a nuestro “Derecho de opinión”. (Los derechos acaban donde empiezan los de otra persona, y el derecho a la dignidad, a la integridad y al honor son algunos de ellos).

No ser un dedo más en el ojo de la víctima no es difícil. Evita ser un/a “cuñado/a” en público y en redes sociales; no la juzgues directamente, no opines categóricamente si no tienes más información que la de un artículo o un titular. Trátala de la misma manera que te gustaría que te tratasen a ti si hubieras sufrido un daño… y ante todo respeta su privacidad y dignidad. Es mejor equivocarse por apoyar a alguien que no se lo merece, que hacerlo por no haber apoyado a una persona que está sufriendo…

 

“Es mejor equivocarse por apoyar a alguien que no se lo merece, que hacerlo por no haber apoyado a una persona que está sufriendo… “

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